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Oscuro dios de las profundidades,
helecho, hongo, jacinto,
entre rocas que nadie ha visto,
alli en el abismo,
donde el amanecer, contra la lumbre del sol
baja la noche al fondo del mar
y el pulpo le sorbe
con las ventosas de sus tentaculos tinta sombría.


Alguién lanzó un arpon y el pulpo respira muerte
por la segunda asfixia que constituye su herida
De sus labios no mana sangre; brota la noche
y enluta el mar y desvanece la tierra
muy lentamente mientras el pulpo se muere


Jose Emilio Pacheco
Antologia poetica

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